Escribiendo y algo más Okparanta, Chinelo

De los destellos de felicidad hasta la transracialidad de los que nos habla Chinelo Okparanta

Tener todos los libros publicados traducidos al castellano es toda una hazaña para un escritor africano. Esto es, precisamente, lo que ocurre con Chinelo Okparanta, nigeriana de nacimiento e igbo como Chimamanda Ngozi Adichie, aunque no parejas en visibilidad, mientras que de la primera es casi imposible encontrar alguna nota crítica sobre su obra en la red en castellano, mucho menos una entrevista, la segunda hace años se convirtió en más que una escritora, para muchos en “la escritora africana” que han leído.

Ambas pertenecen a la misma generación, algo más joven Okparanta, y cuentan en su andadura literaria con ese género tan difícil, el libro de relatos; en el caso de la primera bajo el título La felicidad como el agua, en el de la segunda con el espléndido volumen Algo alrededor de tu cuello. En los dos se habla de las conexiones/desconexiones entre Nigeria y EE.UU, y en los dos se plasma también la vida corriente, con todos sus dilemas, y la realidad transitada por el colectivo LGBTIQ. Si bien difieren, a pesar de que las grandes protagonistas de ambas colecciones son las mujeres, en las experiencias (femenina en el caso de Okparanta y masculina en el caso de Adichie). Y, si Ngozi Adichie es una de las voces feministas africanas más destacadas, Okparanta ha hecho de su obra un muestrario de la dolorosa y resiliente vida de aquellos a los que se les niega poder amar a quien quieran, sean del sexo que sean.

Al igual que muchas otras escritoras de su generación, nació en Nigeria y creció allí hasta los 10 años, momento en el que sus padres emigraron a EE.UU. Quizás por esta razón en gran parte de sus textos literarios encontramos la búsqueda de identidad y de pertenencia, reflejo de una Okparanta que siempre ha vivido conectando y desconectando con los lugares que pisaba.

La escritora ha hablado sobre sus problemas, derivados del racismo, diarios en los diversos lugares estadounidenses donde residió. Pero también, de su relación con un padre, abusivo, que determinó una vida en silencio para no despertar a la fiera. La escritura, para alguien que disfruta de la soledad, tomó forma, una vez más, de terapia.

Como ocurre con escritoras que deciden plasmar en sus obras cuestiones que levantan furias y truenos, como es el de la cuestión sexual en su Nigeria natal sobre todo, ha tenido que lidiar con lectores que le formulaban preguntas inapropiadas, más cercanas al chisme que a la búsqueda de un mejor entendimiento de su obra. Y ha sufrido el temido encasillamiento: “siempre resulta problemático que se encasille a ciertos escritores: hay algo agotador y degradante en que solo te hagan preguntas relacionadas con el hecho de ser mujer, o de ser africana, o de formar parte de la comunidad LGBTQ (…) El problema es la mirada miope de ciertos lectores”.

“Me siento un poco privilegiada en el sentido de que no vivo el día a día en Nigeria, lo que me da cierta protección para poder escribir y entrar y salir del país. Creo que los valientes son aquellos que escriben desde allí mismo y sufren las consecuencias de lo que escriben”, afirma en una entrevista. Okparanta es consciente de su privilegio al poder narrar, con una comodidad relativa, historias que nacen de la opresión, el estigma y la carencia de cimientos para levantar una vida junto a la persona que se ama.

La felicidad como el agua, su primera y más que notable publicación, está atravesada por varias cuestiones que podrían servir de manera general para trazar un común entre los relatos. El patriarcado, la maternidad obligada, buscada o fuente de represión, los contrastes entre Nigeria y EE.UU, que en muchos aspectos no difieren tanto y cuestiones como los prejuicios, la identidad o los asfixiantes estándares de belleza, condiciones tradicionales o postulados sociales, a los que se someten las mujeres, emergen en miniaturas de acabados sorprendentes.

Precisamente, tirando de ese hilo, publicó en 2015 su primera novela. Ambientada en la guerra civil nigeriana, conocida como la guerra de Biafra, donde pone el foco en la relación entre dos mujeres en un país con leyes tan homofóbicas como es Nigeria. En Bajo las ramas de los udalas se escribe, al igual que en el resto de su obra, también sobre religión – Okparanta proviene de una familia de Testigos de Jehová- poniendo en la mesa las tensiones entre las creencias personales, los prejuicios religiosos y la imposición. En ella prescinde de cualquier enfoque occidental, ya que en el fondo la escritora es partidaria de que lo que ocurra en su tierra tendrá que ser dirimido por los que viven allí. Y plantea otra de las grandes cuestiones que se plantean muchas personas: permanecer en tu tierra o huir, en este caso, a los EE.UU intentando alcanzar aquello de lo que careces allí.

Finalmente, en 2016 aparece Harry Sylvester Bird, una curiosa e interesante obra que tiene por protagonista a un joven blanco estadounidense y la llamada reasignación racial. Vuelve, de esta manera, a indagar en la cuestión racial bajo un punto de vista controvertido y novedoso para muchos lectores, aunque le falte más tensión para su demasiado larga lectura, a pesar de la magnífica labor de traducción realizada, al igual que en los dos anteriores libros.

La identidad se revierte en Harry que muta de blanco a negro (puede recodarnos, guardando mucho las distancias, como la propia escritora ha subrayado, a la niña protagonista de la inolvidable Beloved de Toni Morrison, pero a la inversa). Fruto de una situación familiar llena de violencia y racismo, su alma busca refugiarse en aquello que ve, una y otra vez, marginalizado y excluido. Exagerada en sus planteamientos para algunos que llegan a tildar a dicho personaje de caricatura, lo cierto es que la novela indaga en cuestiones inquietantes.

Las buenas intenciones, o esa falsa empatía que repta hasta estrangular, se muestran sin tapujos a través del recorrido vital de Harry, desde Pennsylvania hasta Accra, generando a su paso movimientos defensivos en muchos lectores blancos. La propia Okparanta lo resume así: “Podría ser un impulso para preguntarnos: ¿De qué maneras estamos cometiendo realmente las ofensas que imaginamos que estamos por encima de cometer? ¿En qué aspectos somos, de hecho, metafóricamente como Harry?”.

No en vano, Harry está convencido de que en “su africanidad” conoce en esencia todo lo relacionado con el continente africano, a través de un par de viajes al continente o de sus contactos y relaciones con las personas afroamericanas. Esa tergiversación es maligna y uno de los lugares más recurrentes en muchas de las personas que, sin ningún tipo de humildad, creen saberlo todo sobre un continente tan vasto y multi y sobre sus pasajes históricos y culturales, fomentando precisamente, lo contrario, alimentando los estereotipos y los prejuicios.

Okparanta sueña, de manera recurrente, que vuela. Quizás sus sueños son también un reflejo de una narrativa sensible que deja preguntas en el aire. No es escritora a la que le guste cerrar, puede ser porque sabe que todo puede cambiar al día siguiente y prefiere dejarlo flotando en el aire.

Llama la atención lo mucho que se explaya en sus entrevistas, a pesar de confesarse tímida y de manifestar lo duro que ha sido el paso de desconocida a reclamada. De todas sus aportaciones, quizás me quedo con la Okparanta que afirma que en muchos momentos le basta una conversación sincera y cercana con su madre, o alguien próximo, para cambiarle el estado de ánimo. Suficiente, ella lo sabe, ya que la felicidad se escurre, una metáfora preciosa y delicada, como el agua.

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La felicidad como el agua, 2013. Hapiness like water. Traducción Yolanda Delgado Batista. Ed. Baile del Sol, 2025. También está publicada en Argentina por la editorial Empatía.

Bajo las ramas de los udalas, 2015, Under the Udalas tres. Traducción Iballa López Hernández. Ed. Baile del Sol, 2019

Harry Sylvester Bird, 2022 Traducción Juan Carlos Pérez. Ed. Baile del Sol. Colección Casa África, 2025

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