Narrativa gráfica, cómic o tebeo

Diez mil elefantes, el cómic que explora el pasado colonial de Guinea Ecuatorial para tejer futuros posibles

1944: Podemos intentar poner este punto de partida. La Guinea española estaba poblada entonces por seres que habitaban un mundo del que les habían desalojado. Y, sin embargo, aquel universo rico, vivo y lleno de conocimiento seguía latiendo, generoso y hospitalario. La vieja historia de la colonización. La siempre nueva historia de la colonización. Modos de ver según en qué lado se esté. Círculos que no cesan de empezar y completarse. Tantos como vidas arrastran en su interior.

Imaginarios: Cada uno con el suyo. Cada cual son su idea, su sueño o su obsesión. Ahí surge Manuel Hernández-Sanjuán a quien desde el gobierno franquista mandaron documentar la vida en la colonia española, pura propaganda del régimen. Sanjuán recorre sin cesar durante dos años aquellas tierras, pero su historia la conocemos de la boca de uno de sus porteadores, Nongo Mbá. El bicho del explorador se mantiene vivo dentro del fotógrafo que saca imágenes de todo lo que le rodea, documenta sin parar y bien, en un intento por intentar entender lo que ve, pero también como un modo de exorcizar la distancia que le separa de aquellos africanos con los que comparte itinerario y que no le entienden. Hasta perderse en las tinieblas.

Surcos: Caminos que van haciendo mella. Como meandros de agua, ríos, que llevan de un lado a otro, a ninguna parte, depende de si se quiere continuar o cambiar el destino. Los surcos son como los trazos de un dibujo, no existen hasta que no se aprieta la punta del bolígrafo sobre el papel y se mueve la mano sin saber a dónde te llevará esta vez. Las sendas no son nunca rectas porque no se sabe qué dirección tomar, son confusas, extrañas e inquietantes. Caminos, ríos, surcos. En ellos se encontraron un día de 1997 Pere Ortín y Nzé Esono Ebalé. Dos hombres que habían nacido a miles de kilómetros de distancia y que no sabían que un día se encontrarían y compartirían un intento de crear algo que plasmara lo difícil que es intentar comprender nada.

Bosque: En el centro de todo os diré hay uno. Un lugar absorbente, hechicero, mítico y primigenio. De sus lanzaderas sale todo proceso creativo. Sin domar, exuberante e inquietante. En realidad, son muchos, uno por cada una de los momentos por los que han atravesado los oradores de este cómic. En el interior de la selva, donde solo hay ríos. Hay que adentrarse para tratar de comprender la belleza de aquello que no está a nuestro alcance y que, a menudo, intentamos poseer. También la tela de araña sobre la que diez mil elefantes, dicen, se balanceaban.

Pasado: Esono, el inquieto, usa bolígrafos BIC para las creaciones de este libro. Nos hechiza con sus curvas, sus quiebros, sus formas futuristas que han sido plasmadas sin boceto ni lapicero ninguno, tal cual le salían desde dentro. Un libro que es todo entero su madre. “Le debía un comic dibujado como cuando yo era niño”, me ha dicho. Vuelta a la infancia, intentar estar en aquel lugar inasible que cada cual moldea a su gusto, a su manera. Dar vida a una historia por cuestiones «modernas» para explicar las cosas, y bucear en ese río en el que vuelve a bañarse el artista con las voces que germinan en su interior para salpicar de colores una Guinea posible.

Ruptura: Ortín, Axolotl, que trata de contemplar desde ángulos nuevos, prismas que rompan y deconstruyan conceptos resabidos, haciendo saltar por los aires lo convencional para encontrarnos en medio de la tormenta en bucle que haga que nos levantemos por una vez y “miremos”. Un ejercicio difícil siempre. Papel y tijera. Collages, cartas, mapas, prosa, frases, lecturas anteriores y futuras, todo vale y nada sacia. Todo para tratar de engullir los términos manoseados y hacer florecer una para-realidad en la que sumergirnos en el desafío del intento de entender cómo vamos construyendo pirámides llenas de humo, mentiras, abusos y salvajismo, que no hacen sino mantenernos aún más prisioneros de construcciones que nunca existieron. Examinar, escoger lo extraño y curioso. Para después abrir ventanas hacia el único lugar posible: el futuro sin hacer.

Diré: El artista y el cronista se han enfrentado a un desafío y eso es algo que agradecemos y que ya forma parte de todos lo que leemos la obra, porque comprendemos muchas cosas y dejamos de entender muchas otras. Están ahí los dos mundos, el colonizador y el colonizado, el libre y el que se cree libre, los sueños y su realización, los secretos, lo exótico y lo humano, tantas cosas y tantas confusiones…, en un empeño común por mostrar lo que les aterroriza, conmueve y mueve por dentro. Lo que ha hecho que aúnen sus fuerzas para un empeño muy difícil que es contar de nuevo, como nunca se ha hecho, lo que se piensa que ya está contado. Ese ha sido el largo reto que han abrazado con pasión e inteligencia.

Homenaje: A una tierra que desconocemos. ¿De qué sirve estudiar Historia si no se habla de esto? A una gente que bulle, crea, se equivoca, se lamenta y ama. Escondidos dentro del libro aparecen tantos, tantos… escritores como Ávila Laurel, artistas como Leandro Mbomio, Negro Bey, Mene Manresa Bodipo… Mostrándonos un pequeño micromundo en el que todas las historias forman parte de todo y que intentar contarlas, desnudarlas y darlas a conocer es un trabajo titánico y del que uno nunca está del todo satisfecho. Quizás ahora.

Silencio: Si aprendiéramos a escuchar. Seríamos capaces de oír aquello que mantiene vivas a las personas. Traspasaríamos las barreras que hemos levantado, nos desnudaríamos enteros quedándonos como niños, para oír lo que tienen que contar. Iríamos a lo esencial. Conoceríamos narraciones íntimas que llegan en forma de imágenes cuando no se sabe escribir. Lloraríamos con Asanguan (cuánto abuso hacia las mujeres). Contemplaríamos con pasmo nuestra mente limitada para ciertos conceptos. Observaríamos que de cada una de las arrugas del rostro de Ngono Ma cuelga una visión única que se ha hurtado y que ahora se devuelve. Una manera de entender y entenderse que apenas se puede transmitir. En permanente contraste, el acercamiento es sutil pero intenso. Puede llegar a calar. Siempre sabiendo que hay realidades y que son diferentes. Tales son las que nos muestra esta obra, llena de historias, delicada y honesta.

Una narración que nos saca de nuestro centro lector para explorar lugares comunes que dejan de serlo y que nos llama a aprender los unos de los otros, ayudándonos mutuamente a encontrar la senda, el camino, el río sobre el que tendremos que caminar para ver juntos, todos, en ese futuro posible, el amanecer de una nueva alquimia.

Diez mil elefantes de Pere Ortín y Nzé Esono Ebalé. Editorial Reservoir Books, 2022.

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