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W.E.B Du Bois y la música a través de la cual el esclavo le hablaba al mundo

Las almas del pueblo negro. WEB DUBOISA principios de la década de 1870, un grupo de músicos, los Fisk Jubilee Singers fueron los primeros en interpretar espirituales en una tribuna pública, después cantaron alrededor del mundo  “ofreciendo esta música negra como cultura popular”. Sus primeros pasos fueron difíciles como muestran las primeras reseñas de sus interpretaciones, algunas de las cuales están recogidas en el libro Atlántico negro (Akal, 2014): “Novedoso ejercicio religioso (…) o banda de trovadores negros (que) era realmente una banda de  genuinos negros“.

En aquel momento los trovadores musicales eran blancos tintados y no negros auténticos. Es fácil comprender la controversia y los obstáculos que tuvieron que sortear para poder ponerse encima de los escenarios. Pero, finalmente triunfaron.

Paul Gilroy recoge en su obra arriba mencionada, cómo el coro publicó también libros, que contenían una “inusual combinación de modos y géneros de comunicación”, lo que en su opinión está en la génesis de “la técnica de montaje polifónica desarrollada por W.E.B Du Bois en Las almas del pueblo negro“.

W.E.B Du Bois parece un hombre dentro de muchos hombres. Una figura colosal, cuya obra más conocida, convertida ya en un clásico, publicada en 1903, Las almas del pueblo negro, es un reflejo de ello también. Mezcla de autobiografía, pensamiento, análisis sociológico,  ficción… es un texto que va de lo íntimo a lo colectivo, como si verter lo que necesitaba verter excediera de los encasillamientos propios de uno u otro enfoque.

Las almas del pueblo negro intenta desentrañar el significado de ser negro en el siglo XX partiendo de la doble conciencia – que surge en el sujeto en cuanto a negro y norteamericano – y del que considera el problema del siglo pasado: el de la barrera del color. Me centraré, sin embargo, solo en uno de los aspectos que más me han llamado la atención de esta obra; en la importancia que tiene la música en ella. Esta la atraviesa desde el comienzo, ya que cada uno de los 14 capítulos de los que se compone el libro viene encabezado por una cita musical – espiritual negro- hasta el último de ellos que cierra la obra con un breve ensayo en el que condensa la importancia y el poder de la misma.

Du Bois señala que ha querido colocar al comienzo de cada capítulo “una frase melódica, un eco inolvidable de aquellos cantos de antaño con los que las almas de los esclavos negros se dirigían a los hombres”.  Con ellas quiso resaltar la importancia y trascendencia de esta música popular negra, un auténtico regalo, que fue olvidado y después redescubierto gracias a los Fisk Jubilee Singers.

La magia del canto, la trascendencia de unos cánticos que “constituyen el mensaje elocuente del esclavo al mundo“. La música es más antigua aún que la letra: es africana, aquella que los primeros esclavos canturreaban en sus lugares de destino, una manera de volver y mantener sus raíces.

Hasta 10 cantos magistrales se recogen en el libro. Siendo el último de ellos “el canto de los cantos: Steal away (Huye), salido De la fe los antepasados“.”Son la música de un pueblo infeliz, de los hijos de la derrota; revelan la muerte, el sufrimiento, el deambular confuso, los ardides ignotos y el ansia inexpresada por un mundo mejor, más verdadero”, se lee en el libro.

El esclavo le hablaba al mundo con estas canciones, junto con otras más, a través de un mensaje nunca claro, velado. Y, sin embargo, Du Bois resalta que a pesar de todo se respiraba una esperanza: “una fe en la postrera justicia del mundo“.

Los primeros africanos cautivos fueron llevados a Jamestown (Virginia) en 1619, “¿Habría sido Estados Unidos lo que es sin su pueblo negro?”, nos pregunta el escritor. La verdad no admite atajos cuando se mira de frente.

Estos a través de sus cantos a pesar de la injusticia, la indignidad y la deshumanización, elevaron sus gritos. Hombres y mujeres que enseñaron cómo se puede vivir atravesados de lado a lado, arrancados y apaleados, explotados y pisoteados y aún así elevar sus penas y sus esperanzas por encima del muro de la crueldad y la tristeza. La música se postula como símbolo e identidad, que unía vida y arte en un mismo cuerpo. Tal y como resume Gilroy: “Du Bois sitúa a la música negra como el signo central del valor, la integridad y la autonomía de la cultura negra“.

Las almas del pueblo negro de W.E.B. Du Bois (The Souls of Black Folk, 1903). Capitán Swing, 2020.Traducción: Héctor Arnau

Atlántico negro. Modernidad y doble conciencia de Paul Gilroy (The Black Atlantic. Modernity and Double Consciousness, 1993). Akal, 2014. Traducción de Jose María Amoroto.

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