Historia

Las narraciones sobre la esclavitud africana se amplían y derriban prejuicios

Foto captura youtube

Omar Ibn Said nació en Futa Toro en Senegal, Tenía 37 años cuando se lo llevaron  en uno de los últimos barcos con esclavos que salieron del puerto de Sant Louis  a Estados Unidos. Su autobiografía, que permaneció en bibliotecas privadas hasta 2017 cuando la adquirió la Biblioteca del Congreso de EEUU y la digitalizó, es la única existente escrita por un esclavo en árabe. Son 15 páginas y en 1848 fue traducida al inglés.

Este texto desmontó algunos de los estereotipos que han rodeado la esclavitud en el continente africano. Por un lado, frente a la idea de que la vida en África era pobre y los africanos no tenían cultura ni educación, Omar Ibn Said describió que provenía de una familia fula de mercaderes ricos y que se había formado en su tierra durante 25 años con diversos maestros y materias. Por otro lado, se creía que eran paganos pero Ibn Said profesaba la fe musulmana (alrededor de un 20% de los esclavos lo eran).

Si bien las primeras narrativas de la esclavitud llegaron de manos de europeos y americanos, el nigeriano Ukawsaw Gronniosaw, Olaudah Equiano “El africano” escribió su autobiografía en 1760 y está traducida al castellano. De esta manera, estas obras, junta con otras muchas, abrieron el camino para que la esclavitud comenzara a ser contada con las voces de los que la sufrieron.

La vida de Ibn Said desmonta varios lugares comunes en torno a la imagen del esclavo y la de Equiniano nos da un testimonio directo. Pero desde la ficción también se ha querido arrojar más luz. En su obra El océano de fronteras invisibles Daiana Nascimento Dos Santos, menciona algunas novelas africanas que hablan sobre la esclavitud, añadiendo que “todavía provoca contradicciones, silencios, discrepancias e incomodidad en su abordaje”. No hay que obviar, por ejemplo, que aquellos textos que como El llanto del hombre negro de Alain Mabanckou, “han recordando la implicación de los africanos en la esclavitud y en el tráfico de esclavos” han recibido críticas y rechazos furibundos.

Nascimentos resalta entre las novelas, textos tales como The dilemma of a ghost de Ama Ata Aidoo, Le devoir de violence de Yambo Ouologuem, La travesía de Donato Ndongo, Nación criolla (Alianza Editorial, 1999) de Agualusa, Les amants de l´esclaverie (2004) de Ismaïla Samba Traoré, Esclaves (2009) de Kangüi Alemdjrodo (Togo), entre otros.

A las anteriores, se han sumado otras obras que han querido poner el foco en puntos de vista inéditos hasta el momento. La estación de la sombra nos invitaba a vivir desde el ámbito más privado el origen, una aldea africana, y lo que supuso para sus habitantes. También Volver a casa  indagaba en la parte africana de manera profusa, a través de la historia de dos hermanas con destinos diferentes y bifurcados.

Si bien todas ellas nos hablan de la terrible deportación trasatlántica, como la define Léonora Miano, uno de los primeros y principales motivos del subdesarrollo del continente africano, muy poco se ha escrito sobre la esclavitud que ejercieron los árabes.

En 2016 el escritor y bibliotecario Ousmane Diarra concedió una entrevista para Africultures (traducida por Afribuku), en la que comentaba lo siguiente: “Tidiane N’diaye, en su obra Le génocide voilé (El genocidio velado, 2008) recuerda la trata transahariana que tan importante fue y que afectó a las poblaciones musulmanas. De eso tampoco se puede hablar”. Tidiane N’diaye es antropólogo, economista y escritor y mantiene que: “Por solidaridad religiosa, la mayoría de los autores africanos ha rehusado escribir sobre la esclavización llevada a cabo por árabes musulmanes. Habiendo 500 millones de musulmanes en África, es preferible echarle toda la culpa a Occidente antes que hablar sobre los crímenes pasados de los árabes musulmanes”.

Quien sí ha escrito sobre ello ha sido Abdulrazak Gurnah  quien ha figurado en varias ocasiones en las listas del Booker. Nacido en Zanzíbar, enclave que fue considerado el principal mercado de esclavos de África oriental, escribió en 1994 ParaísoDice Gurnah que el impulso que estaba detrás de Paraíso era desafiar los discursos maniqueos construidos por el colonialismo en torno a que la razón final del mismo fue poner fin a la esclavitud árabe.

Paraíso recrea un lugar en el que convivían varias culturas y en el que las diferencias por origen discriminaban. Y nos invita a conocer y reflexionar sobre diferentes tipos de esclavitud: la que ejercieron los árabes, la que perpetraron los propios africanos, la que impone la familia, la que sufren las mujeres confinadas y obligadas a matrimonios forzados… Yusuf, su protagonista, vivirá  bajo dominio de otros: ya sean las potencias coloniales, ya sean los árabes. Es a través de los relatos cuando comprendemos la importancia de que las historias se conozcan, se hagan oír desde diferentes voces que no oculten a pesar del desgarro.

En una de las escenas claves del libro, en un hermoso jardín, el anciano que cuida al protagonista, hijo de esclavos, pronunciará estas palabras: “Me ofrecieron la libertad como un regalo. Ella lo hizo. ¿Quién le dijo que era su dueña para dármela?”.

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