Cheryl Toman, profesora de la Universidad de Alabama, trabaja sobre la escritura de mujeres africanas francófonas desde los años 90 del siglo pasado, empezando por Camerún, seguidamente Gabón, después Mali y actualmente Chad. En esta entrevista para Literafricas, traducida por Arancha Mareca, nos acerca estas literaturas, realizando un breve pero interesante recorrido tanto histórico como temático, desde el conocimiento de alguien que ha profundizado con el estudio y el intercambio.
1- En primer lugar, quisiera saber cómo surgió por primera vez su interés por la literatura escrita por mujeres africanas.
Mi interés surgió por primera vez al asistir al curso de Jacques Chevrier sobre literatura africana en La Sorbona (París), en 1987. En aquel momento, los estudios africanos francófonos no eran muy comunes en Estados Unidos, así que fue realmente en París donde descubrí ese campo. Al regresar, decidí hacer un doctorado y, dado que también me interesaban los estudios sobre la mujer, opté por centrarme en las escritoras. Descubrí que, desde Francia, muchas escritoras africanas eran accesibles y estaban dispuestas a ser entrevistadas. Así fue como conocí a Thérèse Kuoh-Moukoury, la primera novelista de Camerún, y desde entonces hemos trabajado juntas en numerosos proyectos.

2- Usted ha estudiado la situación de las escritoras en Gabón, Camerún, Mali y Chad. ¿Tienen algo en común? ¿Qué pueden ofrecer al público occidental?
No digo que no tengan nada en común, pero lo cierto es que son sorprendentemente distintas. Las mujeres camerunesas cuentan con la tradición más antigua de escritura femenina en francés; las escritoras de Gabón siempre han dominado la literatura nacional y la primera novelista del país es una mujer; las malienses centran con frecuencia sus obras en las artes tradicionales, y las chadianas —una generación muy joven— están apenas comenzando. Creo que todas tienen mucho que ofrecer a las lectoras occidentales. Aportan historias únicas, pero sobre todo, a las mujeres occidentales les sorprendería la cantidad de lecciones que pueden aprender de ellas. Como mínimo, creo que las mujeres occidentales deberían conocer la resiliencia y la creatividad de estas escritoras africanas y les fascinaría descubrir hasta qué punto pueden identificarse con sus historias.
3- Con respecto a su libro Women Writers of Gabon: Literature and Herstory —que está disponible en formato PDF, más abajo el link—, ¿cuántas generaciones de escritoras existen en Gabón?, ¿cuándo comenzó esta literatura?, ¿en qué se diferencia de la producida por los hombres?, ¿qué temas les preocupan?
Básicamente, hay dos generaciones de escritoras en Gabón: una primera que comenzó a escribir en la década de 1980 y despegó realmente a comienzos de los años 2000, cuya edad actual está entre el final de la cincuentena y los sesenta o setenta años; y luego hay una segunda generación nacida después de 1975 que es realmente productiva, muchas de cuyas autoras cuentan ya con varios libros publicados. Angèle Rawiri fue quien inició este movimiento con la publicación de sus tres novelas en los años 80. No hay otro país en el mundo cuya primera novelista sea una mujer. Las escritoras gabonesas superan con creces en número a sus colegas masculinos, especialmente dentro de la primera generación. Las autoras de esa primera generación escriben mucho sobre la tradición y sobre aquello que resulta opresivo, pero también sobre lo que empodera. La generación más joven, por su parte, escribe sobre la sociedad contemporánea e incluso sobre política, y expresaron abiertamente su descontento con el régimen de Bongo. Además, destacan por la manera en que promueven su literatura nacional en las redes sociales, algo que llevan haciendo desde hace años. Constituyen un grupo muy unido que se apoya mutuamente y está bien organizado para difundir su obra literaria.
4- Algunos nombres importantes. En particular, Angèle Rawiri: su importancia, su legado, si tuvo dificultades para publicar su obra…
Paradójicamente, Angèle no tuvo ningún problema para publicar sus libros, y en su entrevista con Amina comenta lo fácil que le resultó. La sociedad gabonesa siempre ha apoyado a sus escritoras de una forma que no se observa en otros lugares. Es una lástima que Rawiri no publicara más novelas después de 1989. Según su hija, tenía manuscritos, pero nunca fueron encontrados tras su prematura muerte. Aun así, fue una fuente de inspiración extraordinaria tanto para las escritoras de la primera como de la segunda generación. Justine Mintsa es la segunda novelista de Gabón y su novela Histoire d’Awues una auténtica obra maestra. Honorine Ngou también es una autora prolífica que denunció la violencia doméstica y fue una de las primeras escritoras africanas en abordar el tema del género en su obra. Edna Merey-Apinda es la “madre” de la segunda generación y cuenta con numerosos títulos publicados, mientras que Nadia Origo, que además es geógrafa y emprendedora, escribe novelas muy interesantes sobre los bosques de Gabón, pero también sobre el problema de los crímenes rituales.
5-¿Cómo ve el estado actual de estas literaturas? En la medida de lo posible, y hasta donde usted quiera, háganos una breve panorámica de Gabón, Camerún, Mali y Chad… si la gente lee en sus propios países o en el resto del continente, si hay lugares de encuentro para escritores, festivales, clubes de lectura, librerías… cualquier cuestión que pueda aportar sobre el mundo del libro. En países como Mali, sin duda, debe haber dificultades para que surjan nuevas generaciones…
Camerún ha tenido siempre grandes escritoras desde finales de los años cincuenta del siglo pasado, ya que la educación de las mujeres ha sido una prioridad; existe una élite intelectual en el país y esto ha contribuido a dar visibilidad a la literatura tanto dentro como fuera de Camerún. Aunque los autores cameruneses afirman que la juventud no lee lo suficiente, la situación es mucho mejor que en otros países. También hay algunas escritoras y escritores anglófonos que quedan eclipsados por sus homólogos francófonos, pero que existen igualmente. En conjunto, creo que Hemley Boum es hoy la escritora joven más importante de Camerún.
La generación más joven de Gabón sigue escribiendo. Cuenta con una excelente red de escritores conocida como UDEG, que ha tenido mayoritariamente presidentas. También organizan caravanas de distribución de libros para asegurarse de que sus obras lleguen a las escuelas incluso en las zonas más remotas del país. Están tan bien organizados que los escritores (tanto mujeres como hombres) han publicado varias colecciones destacadas de relatos que ofrecen una muestra representativa del conjunto de su literatura. Organizan constantemente actos literarios en el país, tanto en Libreville como en Port-Gentil.

Mali es un caso distinto, profundamente afectado por el conflicto que comenzó en 2012 y que no muestra signos de terminar. Muchos escritores están exiliados en Europa, Estados Unidos o Mauritania. También allí las mujeres escritoras empezaron a surgir relativamente tarde: la primera novela no apareció hasta 1994. Logran integrar las artes en sus obras literarias de forma que la fotografía, los textiles, la música, la escultura, la creación de perfumes, etc… desempeñan un papel destacado en sus textos. La tasa de alfabetización de las mujeres en Malí es extremadamente baja, lo que implica un número reducido de lectoras, pero aun así existen redes sólidas como la RFEMD, además de otros eventos literarios y algunas editoriales dirigidas por mujeres muy importantes, como Figuira Éditions, de Fatoumata Keita. La mayoría de los escritores proceden del sur del país, en particular de Bamako, Kayes y Ségou, pero también hay unas pocas escritoras tuaregs que reivindican con orgullo su identidad maliense.
La primera escritora chadiana es Marie-Christine Koundja, que trabaja en el cuerpo diplomático. Representa la primera generación de mujeres escritoras de Chad, pero es la única de esa categoría que ha sido publicada. Su primera y segunda novelas aparecieron en la primera década de los años 2000. Durante mucho tiempo no se publicó nada más de mujeres chadianas debido a las guerras civiles y al conflicto en el país, que provocaron una división entre la población del norte y la del sur. Sin embargo, en los últimos años se observa una intensa actividad por parte de una segunda generación vibrante, aunque han tenido dificultades para lograr que sus obras circulen fuera de Chad. No obstante, las editoriales camerunesas han apoyado a las escritoras chadianas. En la actualidad, Kemaye Sobdibe trabaja en la Biblioteca Nacional de Chad, además de ser escritora, y ha logrado promover con éxito la escritura de mujeres en el país. También hay varias jóvenes escritoras chadianas a las que conviene prestar atención, como Raouda Hamat Bong Aware, que está a la vanguardia gracias a sus textos en los que denuncia el blanqueamiento de la piel y defiende unos estándares de belleza negros en Ma peau, mon pouvoir. Las mujeres chadianas tendrán cada vez mayor visibilidad en los próximos años.
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En la foto de portada Cheryl Toman posa con Safiatou Ba, escritora maliense.

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