Abdullatif,Ahmad Novela

La fortaleza de polvo, una obra que transforma la Historia con letra mayúscula

Mientras las hojas caen pienso en un tiempo que ya no me pertenece. Un pasado que nunca es pasado, un presente que ya es casi futuro. Retorno con el cuello hacia atrás a los hitos que he estudiado desde que comencé a formar parte de la escuela trucada, de la enseñanza partida y en sombras.

Me tocan las palabras que no son palabras. Son bocas y cabezas que las sustentan. Y me hablan. Quiero penetrar en esto que se me muestra y dejarme inundar por los recuerdos de otros, que también deberían ser los míos.

Ahmad Abdulatif hace el camino. Desde Egipto se interna hacia atrás, buceando en vidas que no conoció pero que recrea, cual escultor, situándonos en un arco cronológico que gira en torno a 1609, un espacio y unas personas determinadas: la península ibérica y los moriscos y, finalmente, unos lazos no mostrados pero intuidos que unen lo que se narra con múltiples lugares. Él nos coge y nos lleva por los sueños y la memoria. Sin ninguna pretensión de dotar a su quinta obra, La fortaleza de polvo, escrita en origen en árabe, de un contenido histórico puro, tal y como muchos buscan y esperan. Desde la trayectoria de una saga familiar, se fija en las voces, perdidas y recuperadas, porque él cree que es la mejor manera de evitar la única vía, la falsa, la que irremediablemente nos conduce a los hechos incompletos, a los sufrimientos ignorados, a la nula necesidad de tratar de entender, de penetrar, de intentar contemplar, aunque sea con ojos recién dibujados en nuestros rostros ciegos.

Porque ocurrieron unos hechos.

En la península ibérica hubo castellanos que fueron expulsados por castellanos. Las letras grandes con las que se escribe la Historia con el paso del tiempo ven cómo se reduce su espacio para dejar sitio a otras luces que fueron ensombrecidas. Se pueden cambiar los nombres, pero eso no cambia la historia. Porque hubo persecución y expulsión, esto nadie lo niega, de musulmanes no conversos, pero también de los conversos, aquellos a los que se consideró “falsos conversos”. Así les mudaron el nombre y pasaron de andalusíes a mudéjares – tras la caída de Cuenca, Toledo y otras ciudades musulmanas – y de mudéjares a moriscos. Gente que no pertenecía a ningún sitio, ni siquiera cuando algunos se establecieron en Marruecos donde se les consideraba cristianos católicos cuando la razón de su expulsión se escudaba en ser musulmanes. No encajar nunca. El permanente desarraigo.

La religión como excusa, cuando como siempre todo se trataba de poder. Aunque hay fanatismos. La rueda de la impiedad, el odio y la injusticia se levanta en los recodos de cada página y nos hace contemplar la crueldad y la sin razón, algunos de los mecanismos más peligrosos también de este siglo XXI.

No es extraño que un brazo se caiga y en su lugar se ponga otro de madera, nunca más será tu brazo, siempre tendrás la memoria de esa parte de ti que ya no está unida a tu cuerpo, pero podrás seguir. De alguna manera se sigue. O que quieras convertirte en piedra. Las piedras son duras, asisten impertérritas a lo que acontece a su alrededor. Una forma de resiliencia. Una manera más de sobrevivir cuando te despojan de todo, cuando aniquilan a tu alrededor sin piedad, cuando los niños son separados de los padres, cuando te vejan, te quieren despoblar de ti mismo. También las piedras guardan en su interior el instinto de permanecer.

La fortaleza de polvo va y viene en un arco cronológico fácilmente identificable, pero no es el tiempo huidizo y siempre mentiroso el que nos arranca de cuajo las nebulosas gaseosas y caprichosas con las que hemos construido nuestro marco mental. No. Son las voces que Abdulatif ha buscado y ha soñado para nosotros.

“Te narraré un sueño que se convirtió en un mensaje sagrado que legamos a nuestros descendientes”. Los retazos del resultado de un mandato que un padre da a su hijo para que ellos permanezcan, no sucumban. Lee. Busca con ansia y copia los manuscritos que contienen la palabra volcada en letras. Para no ser nunca más sombras. Y el hijo escucha esa misión, que le avoca a transcribir solo en árabe mientras descubre que los manuscritos están escritos en árabe, castellano antiguo y aljamía. Una nueva forma de escritura que mezcla las lenguas romances y el árabe y que hace que surja una nueva vía de entendimiento, de comunicación. ¿No es algo extraordinariamente bello esta escritura?

Porque no hay líneas de separación, nos grita Abdulatif, qué es el sueño, qué es la realidad, qué es la muerte, qué es la vida, qué es ser un ser individual, qué es transformarse. Una persona puede acabar siendo un objeto cuando ya no está entre los vivos, una fotografía, un modo de seguir teniéndola. Porque todos somos de todas partes, tenemos nuestros arraigos, pero nos mezclamos, nos unimos y nos separamos y de todos estos movimientos surgen nuevas identidades, las mentiras que nos unen.

Para no olvidar. En la segunda mitad del siglo XIX, cuando las fuerzas coloniales llegaron a Tetuán se sorprendieron porque sus habitantes hablaban en castellano antiguo. “El castellano es nuestra lengua porque somos andalusíes. ¿Recordáis la expulsión de los moriscos en 1609? Los moriscos somos nosotros. Aquí vivimos desde aquel día y no conocemos otra lengua”.

Somos polvo. Algo efímero.

Somos fortaleza. Construcciones de papel y de recuerdos que estamos obligados a poner en cuestión una y otra vez.

Para no ignorar.

En 1992 el Parlamento español aprobó una ley que concedía a los judíos sefardíes, expulsados en 1492, a volver y tener nacionalidad española ¿y los moriscos qué?

Para no volver nunca a pisar el camino de la devastación.

La fortaleza de polvo (original en árabe, 2012) de Ahmad Abdulatif. Traducción: Covadonga Baratech. Editorial Relee, 2020. Colección Maktaba

Mención especial para la traducción y la iniciativa de Covadonga Baratech. Recupero las palabras de Gonzalo Fernández Parrilla quien resalta que la traducción de cualquier texto es una especie de milagro, más aún de un texto escrito en origen en árabe.

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